Réquiem. Cuerpos efímeros
Jaume Marzal Canós
La Misa de Réquiem en re menor, K. 626, de Wolfgang Amadeus Mozart, es una obra de una magnitud musical y emocional extraordinaria, una pieza religiosa fascinante y tremendamente conmovedora. En la liturgia católica, la Misa de difuntos tiene como fin acompañar la despedida terrenal del finado, y narrar, a través de sus diferentes partes, el tránsito del alma desde que abandona el cuerpo hasta que este es sometido al juicio final. Para ello, la composición toma forma de oración en la que se ruega por las almas de los muertos, a fin de que reciban la piedad y descanso eterno en la gloria de Dios.
La exposición que aquí se presenta toma como inspiración esta obra única, reinterpretada aquí a través de la representación del ángel en sus diferentes formas, concepciones estéticas y artísticas. Los ángeles son considerados seres sobrenaturales, espirituales, mensajeros de la divinidad, criaturas inmateriales de gran pureza destinadas a la protección de los humanos, pero también, en algunos casos, criaturas rebeldes que han sido expulsados del paraíso por desobedecer a Dios, convirtiéndose en ángeles caídos y oscuros.
Ángeles, espectros y demonios son imaginados aquí en la última noche en que Mozart compone esta misa, como cuerpos efímeros en un tránsito hacia lo desconocido, manifestados a través de delirios y visiones que se le aparecen anunciándole su propio fin.
Rosa Cuadrado y Jaume Marzal han dejado que los ángeles inspiradores guiasen sus palabras y gestos pictóricos, pero también han liberado sus demonios a la hora de crear las obras de esta exposición. La famosa frase atribuida al poeta Rainer María Rilke, «Temo que si me quitan mis demonios, se puedan morir mis ángeles», expresa la idea de que nuestras luchas internas, defectos, tentaciones o demonios, son también necesarios para el crecimiento psíquico y espiritual, para que puedan manifestarse plenamente nuestras virtudes o ángeles, ya que ambos están intrínsecamente unidos en el camino del autoconocimiento y la plenitud. Eliminarlos por completo conduciría posiblemente al vacío de nuestra existencia.