Pido al tiempo que no te lleve
Este acontecimiento se convierte en un punto de quiebre que lo obliga a enfrentarse no solo a la posible pérdida de su compañero, sino también a las limitaciones materiales y emocionales que marcan su vida cotidiana. A lo largo del cortometraje, la narración se despliega a través de escenas evocadoras que buscan trasladar al espectador al mundo interior de Artemio. La puesta en escena y la atmósfera construida reflejan su estado mental: la culpa por no poder hacer más, la angustia ante la falta de recursos y la sensación persistente de que todo aquello que lo rodea se encuentra al borde del colapso. Dirigida por Raúl Pardo G., la pieza se impone con una mirada contundente y honesta que aborda la precariedad, la culpa y el derrumbe personal desde una sensibilidad contenida.
