Piel de nadie
El afán de control y autoexigencia va erosionando progresivamente su bienestar emocional, llevándola a un estado de fragilidad donde los límites entre el sacrificio y la autodestrucción comienzan a desdibujarse. La obra ofrece una mirada cruda y sensible sobre los costos invisibles de la excelencia artística, cuestionando hasta qué punto el cuerpo y la mente pueden sostener las exigencias de una disciplina que persigue la perfección absoluta. Bajo la dirección de Aurora C. Rosales y la producción de Magaly Mendoza, este trabajo plantea una reflexión clara y contundente sobre el sacrificio, así como sobre los límites físicos y mentales que se cruzan en nombre del arte y el reconocimiento.
