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Música para astronautas

Música para astronautas desconocido

Parafraseando a Eisenstein, si a la imagen de una vaca en el campo se le suma la imagen de una planta industrial, seguramente se formará en el espectador argentino una idea quizá imprecisa, pero de inequívocas resonancias políticas. Siguiendo esta lógica, Baca hace un film que borra los límites entre lo abstracto y lo concreto, ya que no sólo asalta los sentidos del espectador (como lo hacía su anterior y oxigenante Samoa), sino también su razón. Música para astronautas utiliza una catarata de texturas y sonidos asociados generalmente a la producción llamada experimental para contar al menos dos historias cotidianas, que el realizador transforma en hipnóticas odiseas. También encuentra espacio para ejercitar un extrañísimo sentido del humor y para citar a varias influencias pertinentes, como el Polyvision de Abel Gance o los clásicos Un perro andaluz de Buñuel y Dalí, y Entreacto de René Clair. El resultado requiere de un espectador dispuesto a abandonarse a la experiencia y permite asegurar, una vez más, que Baca es el inventor de imágenes más sorprendente del cine argentino.

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