Para que no me olvides
Irene vive con Mateo, su padre, y con su hijo David, un joven de veintidós años. La convivencia es armoniosa y feliz, pero un conflicto se desata: David ha decidido irse a vivir con su novia, Clara. La madre no termina de asumir que su hijo, un brillante estudiante de arquitectura, proyecte su vida con una cajera de hipermercado. David encuentra en su abuelo Mateo la complicidad necesaria para llevar a cabo sus planes. Él es un anciano octogenario y vitalista a pesar de su historia: era un niño durante la Guerra civil española, y en ella perdió su casa y a toda su familia. Pero nada de eso pudo con la energía y las ganas de vivir de Mateo. Un día, Mateo llega con una terrible noticia.
