Una mujer sin destino
Con una lógica implacable de fragmentación inarticulada, de explosiones musicales y de repeticiones obsesivas, este relato de las tribulaciones de Tracy tiene mucho de un choque de materiales que producen un ruido como de globo de cumpleaños que revienta y mezcla en su estallido el chiste y la tristeza. En cada una de las profundidades de sus gestos, que parecen tan instantáneos como planificados, tan misteriosos como significativos, la película parece autodestruirse en una actitud suicida para resucitar en su conexión casi desesperada con todo lo que encuentra en su búsqueda tenaz. Tanto en su poesía melancólica sobreimpresa como en su apariencia insólita de peregrinar caótico y desequilibrado, de historias de romances en extremo desafortunados, Mujer sin destino esquiva la impronta trágica que se puede adivinar en su título. Por el contrario, la película de Rocío Fernandes es una trama de enredos experimental, que lleva a la sutileza su espíritu de comedia desarmada y desarmante.
