Tras la Revolución Cubana, el nuevo gobierno envió a los jóvenes a la Isla de Pinos para su reeducación. En esta segunda parte de la trilogía de Sara Gómez sobre la Isla de Pinos (ahora Isla de la Juventud), sigue al adolescente Miguel, que proviene de una familia numerosa, empobrecida y monoparental de La Habana. Miguel está en la isla para convertirse en un joven honesto y un valioso camarada en el nuevo estado comunista de Cuba. El programa grupal, altamente disciplinado, ayuda a Miguel a evitar la vida de pandillas que atrae a tantos jóvenes afro-cubanos y mestizos marginados. Gómez filma a este joven sincero en el campamento e invita a los líderes del campamento y a los compañeros de Miguel a compartir sus opiniones.
Siguiendo la tradición del «cine imperfecto», la cineasta traza el progreso de la revolución al tiempo que retrata con dignidad a personas que, de otro modo, nunca habrían sido vistas ni escuchadas. De fondo, se escuchan los sonidos del jazz afrocubano del legendario pianista y compositor Chucho Valdés.
