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La Peregrina, una excepcional perla renacentista

La Peregrina, una excepcional perla renacentista

La Peregrina fue extraída del golfo de Panamá en 1577 por un joven africano esclavizado y rápidamente se convirtió en la perla natural más célebre del Renacimiento. Su extraordinaria belleza, tamaño y perfecta forma de pera inspiraron al joyero y lapidario de la corte milanesa Jacopo da Trezzo a bautizarla como La Perla Peregrina, es decir, «la extraordinaria» o «la singular».

El emperador Rodolfo II de Praga la codició; sin embargo, fue el rey Felipe II de España quien logró adquirirla en 1586 por la asombrosa suma de 9.000 ducados, tres veces más de lo que recibió Miguel Ángel por pintar el techo de la Capilla Sixtina. Antes de su muerte, en 1598, Felipe II decretó que la Peregrina permaneciera como una joya inalienable del Tesoro de la Corona española.

Durante más de dos siglos, sucesivas reinas, infantas y monarcas españoles lucieron la Peregrina como símbolo del poder imperial y del dominio global de la Monarquía Hispánica. La perla aparece representada en innumerables retratos cortesanos realizados por destacados artistas, entre ellos Alonso Sánchez Coello, Juan Pantoja de la Cruz, Bartolomé González, Diego Velázquez, Francisco de Goya, el miniaturista Guillermo Ducker y, más tarde, Sir Edwin Henry Landseer.

Ninguna joya ha cautivado la imaginación colectiva como la Perla Peregrina, gracias a su fascinante historia como tesoro de la Corona española y a su dramática desaparición del Palacio Real de Madrid en 1813. Su última propietaria, Elizabeth Taylor, la describió como «la perla más perfecta del mundo».

Sobre la ponente

Annemarie Jordan Gschwend es una reconocida historiadora del arte, comisaria e investigadora independiente. Es autora y editora de numerosas publicaciones, entre ellas la galardonada The Global City: On the Streets of Renaissance Lisbon (La ciudad global: las calles de la Lisboa renacentista).

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